Megaterremoto
Imaginen estar parados en una placa de madera de unos 2×2 metros, sostenida por una columna. La plataforma comienza a moverse de arriba a abajo, desplazándose entre medio metro a un metro cada vez. Sumen ahora un movimiento hacia los lados, desplazándose unos 2 metros hacia los costados. Sumen el mismo movimiento, pero hacia atrás y adelante. Y al final, pongan un poquito de vaivén.
Imaginen ese movimiento suave por un par de segundos, despertándote, y luego con tanta fuerza que te levanta de la plataforma varios centímetros, y que ves todo a tu alrededor moverse, tu casa crujir, escuchas los muebles caerse, vidrio y porcelana romperse, gritos de tus vecinos… por poco más de un minuto.
Eso fue lo que sentimos acá en la zona de la capital y alrededores. Los últimos informes hablan de 8 grados Richter. En el sur, en el epicentro, fue de 8.8.
Imaginen que cada pundo significan que la fuerza es 30 veces mayor. Lo que sintieron en el sur fue 30 veces más que lo que describo arriba.
Afortunadamente, mi papá y yo podemos mantener la calma, porque mi hermana y mi mamá no aguantan bien las crisis (especialmente los sismos). Al terminar, mi hermano salió a buscar a mi tía, que vive sola a unas cuadras, y se la trajo con pijama y todo. Yo me puse ropa encima y con mi papá fuimos por un par de tíos, nuestros tatitas, los abuelitos de la familia, para que no pasaran la noche solos. Juntamos agua, la luz se cortó de inmediato durante el terremoto, logramos algunos llamados antes de perder toda señal de los teléfonos móviles (ahora, a las 22:10 aún no tenemos señal) y nos preparamos para pasar la noche, y prepararnos para lo que sería el día.
Hoy abrieron los supermercados de nuestros pequeños pueblitos… llegamos casi al abrir, el agua y el pan se agotó de inmediato, el resto se fue agotando con tiempo. Poco después de mediodía agotaron los generadores y cerraros, generando algunos problemas. No hay tarjetas de prepago telefónicas, baterías ni velas en kilómetros a la redonda.
Perdimos televisores al azotarse contra el suelo (excepto el de mi hermano, cayo en su cama), los computadores salvaron al ser notebook y estar guardados en sus bolsos, pero recién hace una hora llegó la luz, y esperamos bastante antes de empezar a conectar cosas.
Mis vecinos acampan en su patio, ya que los niños no quieren dormir adentro. La bebé (nuestra ahijada), al sentir cualquier movimiento, se arrima instintivamente a una pared esperando que alguien la tome en brazos. El mayor, de 21 años, fue atropellado hace algunas semanas, se mueve poco y mal, por lo que no le permiten estar dentro de su casa para evitar riesgos.
Y pese a todo, la sacamos barata. Logramos apertrecharnos, comprar suficientes pañales para la niña, pan envasado y comida para todos, agua embotellada a granel, y juntamos muchísima. Sabemos que pasarán días sin bañarnos, con la higiene básica, pero hay gente que no tiene ni casa, así que no nos quejamos. Sabemos que usaremos la misma ropa por día, ya que recomiendan tener como mucho conectados un televisor y un computador en las casas para no saturar las conexiones (no podemos lavar), pero hay gente que no tiene ni siquiera ropa.
Mi hermana acaba de llorar: le avisaron que una de sus mejores amigas, salvó ilesa del terremoto y maremoto en Constitución, y ya llegaron con sus padres acá cerca, aunque perdió todo. Aún más fuerte: sólo un cambio de horario en su turno de trabajo le salvó la vida, ya que casi todos los trabajadores de la Celulosa Celco se ahogaron al inundarse el recinto.
Mañana mis padres van a ver la oficina, a levantar todo, evaluar daños y avisar a los alumnos que consulten sobre clases que cuando se normalice la venta de combustibles (es una escuela de conducción) se evaluará el reinicio de clases. Nosotros, con mis hermanos, nos pondremos a buscar entre nuestra ropa. Apenas tenemos comida y agua para nosotros, sin hablar del medicamento (yo estoy racionando mis antialérgicos, por primera vez en años he agotado medio inhalador en 2 días por mi asma alérgica, que ahora se volvió nerviosa), pero buscaremos entre nuestras ropas, la mayor cantidad que podamos para poder enviar a quienes necesiten.
Esto lo escribí el sábado en la madrugada, mientras esperábamos luz y teléfono:
Los 3 minutos más largos de toda mi vida.
Estamos sin luz y poca agua, escribo esto en el notebook esperando que vuvleva la luz. En cuanto se calmó un poco el movimiento, mi hermano partió a la casa de mi tía, que vive sola, y la arrastró a la casa, aún sólo en pijama.
En cuanto noté que era un sismo algo más largo, me levanté con calma, calmé a mi hermana, tomé mis lentes y mis sandalias y salí a la entrada de la casa. Y comenzó el movimiento fuerte. Casi no podíamos estar en pie, abrazados los cinco, calmando a mi hermana y mi madre, que no soportan bien esto. 3 larguísimos minutos, escuchando la casa destruirse por dentro, dándo gracias por tener una vivienda de madera que no puede caerse.
Movimiento oscilante y vibrante. Fuerte, impactante. Terrorífico.
Entramos con mi padre, todo lo de vidrio en el suelo. Las muñecas de porcelana de mi madre: excepto la muñequita que fue de mi abuela, esa estaba de pie contra la pared.
Entre el desastre de mni pieza saqué una polera; entre el desastre del cuarto de atrás saqué unos jeans. Levantamos con mi padre algunos muebles y los televisores (aparentemente intactos), barrimos algunos vidrios, buscamos ropa para la familia y mi tía.
Fuimos a ver a mis vecinos, preocupados por el Angelito, recientemente dado de alta tras su atropello, y por la Palomita, nuestra ahijada. Luego salimos con mi padre a ver a mis tíos, los tatitas, los más viejitos, para traerlos a la casa. Allá el panorama era similar: todo en el suelo, vidrios y porcelana, las paredes medianamente agrietadas.
Partimos luego a ver a mi abuelita, mi primo y mi tía en Talagante. Presión levemente alta, pero todos bien, la casa, una vieja y fiel construccion, estaba intacta. Afortunados ellos, habían hecho las compras del mes el viernes y tenian de todo lo necesario.
La autopista del sol está cerrada, al parecer, ya que hay una gran cantidad de vehículos que intentan llegar a Santiago por nuestras calles. La mañana la recibimos con frío, con todas las puertas abiertas ante el temor de las réplicas, mientras escuchamos Radio Cooperativa en el auto de mi papá.
Esperamos al sol, para evaluar los daños, levantar las cosas, limpiar y reparar. Para ayudar a quienes lo necesiten, para esperar que en los próximos días las tiendas abran para poder comprar suministros. Tratando de aprovechar los milagrosos minutos en que los teléfonos móviles permiten hablar con algún pariente.
Fueron 7 grados Richter en Santiago, 8.5 en Bío Bío. Esperando que mi primo, su esposa y las niñas estén bien el el sur. Dando gracias que el epicentro fuera en la cordillera y no en la costa.
Ahora sólo puedo pensar en energía, fuerza, para todos. Las casas se levantan, los objetos materiales se reemplazan. Si están leyendo esto, sortearon bien el terremoto, y la vida sigue. A levantarse y construir un nuevo camino trás la tragedia.
Fuerza, valor y ánimo.
6:57 am
Mi Pieza
Pieza de mi hermano
El cuarto/alacena atrás de la cocina
Mis vecinos pasaron la madrugada del sábado fuera de lac asa, sus 3 hijos mayores (el mayor fue atropellado hace unas semanas, casi no se puede mover) y nuestra ahijada, la bebé













